Ama Como Estilo De Vida

trato águila volando

Trato

Sentada en una mesa, una mujer, ya entrada en años, hacía anotaciones en un enorme registro. Su traje rosa chicle hacía resaltar el verde de sus ojos.

Al ruido de pasos levantó la cabeza y fijó una mirada interrogadora en la mujer que se acercaba con timidez.

Los ojos verde oliva de la primera mujer penetraron en el cuerpecillo endeble de la segunda que desprendía un halo de inconsciencia e ingenuidad.

—Señora, estoy aquí para volver a empezar —dijo la endeble con voz sumisa y de respeto.

—¡Mujer! Todavía no estás preparada para ese papel.

—Pero…

—Deberías vivir más antes de querer enterrarte aquí, viaja durante un tiempo.

—Señora —balbuceó la endeble con voz súplica—, no logro levantar cabeza, nada sale como quiero y Dios no escucha mis plegarias. Durante un tiempo fui feliz, disfruté, viajé, me enamoré, reí. Pero de eso hace tanto que me cuesta creer que vuelva a ocurrir.

Su voz temblorosa se extinguió repentinamente por un bostezo, pero sus ojos húmedos imploraban un nuevo comienzo.

La mujer del traje rosa chicle dudó, pero aquella muchacha no estaba preparada para ese papel. Era una decisión irrefutable que no se podía deshacer. Si mueres no renaces. No para volver a empezar, no como ella rogaba.

—Te propongo un trato —declaró la señora—, comprométete a reír, cada día, durante 122 días. Después, vuelve y dime con total seguridad que quieres criar malvas.

Con tal de aferrarse a un clavo ardiendo, a un resquicio de esperanza o un pedo mal oliente, la endeble aceptó el trato con la fe de un niño que espera la llegada de los Reyes Magos porque traen su juguete favorito.

Los días pasaron, y con cada amanecer, la mujer endeble se enfrentaba al reto de encontrar motivos para reír.

Al principio, le costaba hallar la risa porque nada era divertido, pero poco a poco comenzó a descubrir la belleza oculta en los momentos más simples de la vida.

Como ver a un gato intentar cazar su propia cola o la mirada traviesa de un niño que corre tras una trastada.

En el día 122, la mujer se presentó nuevamente ante la señora, con una sonrisa radiante iluminando su rostro. No necesitaba palabras para expresar lo que sentía, su mirada transmitía una renovada esperanza y una confianza plena en sí misma.

La señora la observó con satisfacción, reconociendo el cambio que había tenido lugar en ella durante esos 122 días. Con una sonrisa, le indicó que se sentara frente a ella.

―Bienvenida de vuelta, querida. Ahora dime, ¿todavía estás decidida a criar malvas? ―preguntó la señora con un brillo singular en los ojos.

La mujer endeble la miró fijamente, antes de romper en una carcajada genuina. Entonces, comprendió el verdadero significado del trato que habían hecho.

No se trataba solo de reír, sino de redescubrir el amor por la vida y la capacidad de encontrar alegría incluso en los momentos más oscuros.

Con una mezcla de alivio y gratitud, la mujer respondió:

―¡Definitivamente no! Después de estos 122 días, estoy más que lista para seguir adelante y vivir cada día al máximo. No pienso en criar malvas, ¡pienso en cultivar girasoles y sembrar sonrisas por doquier!

Y así, con una nueva perspectiva y un corazón rebosante de optimismo, la mujer endeble partió hacia un futuro lleno de posibilidades, dejando atrás los temores y las dudas que alguna vez la habían atormentado.

La sabiduría, desde su mesa con su traje rosa chicle, sonrió dichosa, sabiendo que había ayudado a encender una chispa de felicidad en el corazón de aquella mujer poderosa.

Cuento 5/52

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