
Defensa
El sistema de defensa de nuestro espacio interior se ha ido al traste y hemos dejado que la viralidad, los likes y las automatizaciones nos manipulen.
Pareciera que lo tangible es como ir al médico (un asco) y lo virtual como beber Möet Chandon (muy chic).
Lo cotidiano ya no es prioritario si no incluye una cámara de vídeo última generación y un micrófono tipo broche de peluche.
Se ha descuidado lo clásico para preocuparnos por lo artificial y hemos dejado de preocuparnos por lo importante para ocuparnos de la banalidad humana.
—Todo este asunto comienza a inquietar bastante —reflexionó el espejo mirando a la mujer que había frente a él.
Mi escritorio, ese lugar sagrado donde debería de crecer la idea del millón de dólares, se asemeja más a un ataque de jabalíes zombis. Entre los post-it hambrientos, los restos de comida y las notas sucias, apenas distingo mi reflejo en la ventana que da al patio trasero, por donde los transeúntes caminan con la seguridad del que sabe qué quiere en la vida.
Lo que no llego a comprender es cómo pasé de la inestabilidad mental a la certeza de que dicha inestabilidad me traería dicha.
Fiel a mi naturaleza libre, sueño con acampar bajo cielo abierto, al igual que sueño con una vivienda lujosa y con entender mi diálogo interno. Pero me entretengo afilando lápices, practicando el humor escrito y observando como ronca mi gato.
Esta pacífica cotidianidad, no siempre fue tan pulcra. Antes se parecía más a un establo con olor a vino.
Dialogar con el espacio interior es imposible. No conoce el idioma actual y dudo mucho que vaya a aprenderlo. Sus métodos de comunicación no van por wifi ni se atiene a tendencias. Aunque su leguaje sea universal nadie llega a comprenderlo al 100%.
Hace no mucho pensé que, al menos, podría ahorrarme quebraderos de cabeza si concentraba toda mi energía en crear. No lo volveré a hacer jamás. La defensa del espacio interior actuó y me quedó claro que la resaca de una borrachera de vino es más llevadera que la de un atracón de hiperproductividad.
Fue esa la ocasión en la cual creí entender su lenguaje. Pero en ese momento también supe que eso era inviable porque al fin de cuentas, todo depende de la capacidad que cada cual tenga de reírse de uno mismo.
Cuento 4/52
Me he propuesto escribir un cuento corto a la semana para mejorar la escritura y el humor.
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