
¿El primer amor es para siempre? El arte de reinventarse cuando te rompen el corazón
¿El primer amor se recuerda siempre?
Es la típica pregunta de novela romántica o de película de sobremesa y probablemente, al leerla, estés pensando en el amor idílico, el de pareja, ese concepto de príncipe azul y perdices con el que muchas hemos crecido.
El amor de factoría Disney.
Pero si tengo que serte completamente honesta, mi primer y único amor de Disney no llevaba capa ni espada: fue Mary Poppins.
Después de la niñera mágica, llegó mi verdadero primer idilio apasionado: el baile. Con sus puntas, los maillots, las faldas de mil volantes, los zapatos de tacón con clavos, los tutús, las castañuelas y los calentadores (¡cómo amaba los calentadores!).
En definitiva, la farándula y los escenarios. Desde los 3 hasta los 17 años, el baile fue mi gran amor, con todo lo que eso conlleva: madrugones, llantos, alegrías, desilusiones y flores, muchas flores esperándome a la salida de cada teatro.
¿Te has subido alguna vez al escenario de un teatro de Madrid a bailar frente a un patio de butacas lleno?
Yo sí. Muchas veces. Y te aseguro que es la sensación más aterradora y gratificante que conozco.
La traición en el último baile y el fin de la inocencia
Sin embargo, el misterio de la vida tiene giros de guion bastante crueles.
La última vez que me subí a un escenario, a los 23 años, descubrí la infidelidad de otro amor: el primero de pareja.
Ese que te dicen que nunca se olvida y que te marca para siempre.
Aquel último baile en un teatro de Madrid, rodeada de desconocidos, supuso el fin de dos relaciones a la vez: la que tenía con él y la que tenía con los escenarios.
Él no acudió a la función argumentando que trabajaba, y yo no pude disfrutar de la actuación porque acababa de descubrir una verdad que me hizo añicos.
Se destrozó mi inocente corazón, aquel que todavía creía que el amor era para siempre…
Por suerte, el amor no se acaba; es infinito. Y en mi lista de «primeros amores» todavía quedaba un sospechoso habitual que acudió al rescate: el arte.
Del escenario al lienzo: El arte como refugio y el síndrome del impostor
La pintura fue mi siguiente gran romance.
Llegué a elaborar cuadros y a exponerlos con éxito en pleno centro de Madrid, justo al lado del Museo Reina Sofía.
Allí, en una sala rodeada de amigos y familiares, le vendí mi primer cuadro a un auténtico desconocido.
Cualquiera que mire esta historia desde fuera pensaría: ¡Qué mujer tan afortunada!
Y sí, puede. He logrado mucho en la vida. Sin embargo, durante mucho tiempo, lo valoré muy poco.
¿Por qué?
Aquí entra el verdadero misterio que todas las escritoras y artistas que intentamos resolver en nuestro rincón de pensar:
- ¿Por qué nunca he confiado en mí?
- ¿Por qué siempre he pensado que lo mío no importa y lo de los demás sí?
- ¿Por qué nos cuesta tanto anteponer el amor propio a la aprobación ajena?
Como decía Mary Poppins: El ser feliz un truco es al fin.
El truco consiste, precisamente, en redefinir el concepto.
El amor propio es el primer amor que todo ser humano debería experimentar, contener y alimentar para siempre.
Amar(te) como estilo de vida, como bien dejé escrito en los versos de mi poemario Bucólica Emocional.
Si el primer amor es para siempre, has de ser tu primer amor. Porque, como dice una camiseta muy molona: Si yo fuera tú, me enamoraría de mí.
La escritura creativa como espejo de tu amor propio
Hay que ver el juego y la claridad que da haber puesto el culo en la silla y haber vuelto a escribir.
Juntar letras me ayuda a desenredar estos nudos del pasado, a reconciliarme con la niña que bailaba engominada y con la joven que vendía cuadros al lado del Reina Sofía.
Cuando una escritora no confía en sí misma, su prosa se vuelve llana, aburrida, intentando imitar lo que el mercado consume para no llamar la atención.
Pero cuando te enamoras de tu propia voz, de tu intensidad y de tus rarezas, tu marca personal se vuelve magnética.
Tu blog deja de ser un diario de quejas y se transforma en la identidad creativa que aúna todo lo que amas hacer: escribir, dibujar, diseñar y observar el mundo con ironía.
🖋️ Ejercicio de escritura creativa: Tu historial de romances artísticos
Si sientes que el síndrome del impostor te está bloqueando, escribe una carta a tu primer amor creativo (ya sea la danza, la pintura, la costura o la lectura de la infancia).
Cuéntale en qué os habéis convertido, qué heridas habéis sanado juntas y dale las gracias por darte la sensibilidad que hoy tienes.
Este ejercicio te recordará la autoridad y la experiencia que ya posees, aunque insistas en valorarla poco.
Y si quieres honrar tu carrera literaria y mimarte más.
Financia tu libertad y mímate con el Kit Cronopio
Hacer las paces con la artista que fuiste está muy bien, pero el amor propio también se demuestra protegiendo tu tiempo y tu economía.
Amar tu estilo de vida significa no permitir que tu creatividad se muera de hambre o se ahogue en la «rueda de la rata» de un trabajo que te amarga.
Para escribir con total libertad, sin el temor a si tu prosa es demasiado rara o intensa para el mercado de masas, necesitas independencia financiera.
Por eso creé Amacomoestilodevida y, dentro de ella, mi herramienta favorita: el Kit Cronopio.
La guía paso a paso para crear un mini producto digital en solo 7 días.
La receta perfecta para escritoras multipotenciales que, como yo, quieren financiar su próxima novela o poemario de manera autónoma.
Al empaquetar lo que ya sabes hacer en un producto digital rápido y útil, te otorgas a ti misma el mayor regalo de amor propio posible: el tiempo para escribir lo que te dé la gana sin rendir cuentas a nadie.
PD: mi libro Bucólica Emocional está repleto de frases para recordar, enmarcar y regalar. Si tienes el tuyo a mano, ábrelo hoy; seguro que encuentras ese mensaje encriptado que tu «yo del pasado» te dejó preparado para superar el día de hoy.
Abrazo de gratitud,
Gladys🩷🧡
Bucólica Emocional
108 poemas para las noches de insomnio, los días grises y las tardes de verano con los pies en alto y el culo en remojo.

¿Existe algo más delicioso que provocar una carcajada?
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