Ama Como Estilo De Vida

fantasma arbol cielo

Fantasma

Chirrió la cerradura de la enorme puerta y la peña entró al garito como caballos desbocaos. Rayos de luces provenientes de lo alto iluminaban como si fueran mensajes divinos, pero en lugar de revelaciones espirituales, solo mostraban el caos de la pista de baile.

Entre los anillos de fuego que salían de la boca de los Gogos y la sirena brillante que se columpiaba con gracia por encima de nuestras cabezas, atrapando miradas y provocando suspiros de admiración, aquello más que una fiesta parecía una atracción de feria.

En el epicentro de todo el frenesí, como un faro en medio de la tormenta, estaba el robot de neón. Sentado en el centro del escenario, rodeado de serpentina de colores que se mecían al ritmo de la música como si tuvieran vida propia.

Era una noche electrizante y la discoteca parecía un imán para la diversión desenfrenada. La gente se movía con una energía desbordante, entregándose al ritmo como si fuera la última oportunidad de liberar el alma.

Había tipos que bailaban tan desenfrenadamente que parecían intentar aplastar cucarachas invisibles bajo sus pies, y chicas que giraban los brazos como si fueran contorsionistas. En verdad, todos bailábamos como si estuviéramos poseídos por el ritmo chunda chunda entre risas, abrazos y brindis que se mezclaban en una sinfonía de alegría.

Cuando la madrugada se acercaba y los ánimos alcanzaban niveles épicos de descontrol la música se desvaneció lentamente, como si el aire mismo se hubiera vuelto denso de repente. Las luces parpadearon y se apagaron, sumiendo el lugar en una oscuridad sepulcral. La multitud, que segundos antes había estado saltando y riendo, ahora se encontraba en silencio, con la mirada perdida en la penumbra.

El pánico se apoderó de la sala, y antes de que pudiera reaccionar, aquella noche, en aquel polígono, mi vida cambió para siempre cuando mi visión se nubló y no volví a despertar jamás.

Desde entonces, revivo una y otra vez esa noche intentando averiguar cómo me convertí en el fantasma que hoy soy.

Cuento 11/52

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