Cenar
—¿Crees en los fantasmas?
—No.
—¿Y si te dijera que yo soy un fantasma?
—Mientes.
—¿Cómo sabes que miento si no puedes ver ni tocar?
Elsa quedó callada. No tenía respuesta ante aquella certeza.
—Estoy ciega, pero en cuanto logre desatarme sabré que mientes.
—Está bien —respondió y se marchó.
Elsa era detective y estaba en una misión. Saber quién le había robado su bastón mágico. Pero cometió un error y la capturaron.
Indefensa y maniatada a una silla bastante cómoda decidió echarse una siesta antes de salir de allí.
—¿Qué hacemos con esta? —cuestionó un guardia, con voz robusta—. Parece que se ha quedado dormida.
—El jefe la quiere con vida —respondió otro guardia, con una voz más aguda—, hasta que diga cómo se usa el bastón.
—Inútiles —musitó Elsa—. Ese bastón solo funciona conmigo.
—¿Por qué estás tan segura? —dijo la voz misteriosa.
—Para que maleantes como tú no toquen lo que no es suyo.
—¿Quién te otorgó tal honor?
Elsa volvió a quedarse callada. Aquella voz le resultaba familiar, pero no lograba identificarla.
—¿Nos conocemos?
—¡Silencio! —entró el jefe, con aires de grandeza—. Como veo que ya estás despierta y con ganas de charla —soltando las cuerdas que ataban sus manos—. Hablemos.
Elsa saltó de la silla con énfasis y se colocó en posición de defensa.
—¡Pelea! —exclamó con rabia—, combate a vida o muerte.
—Esa es una mala elección jovencita —respondió el jefe, colocándose en posición de ataque.
—No te tengo miedo —añadió, con seguridad—. Acércate y verás lo que es bueno.
En cuanto el jefe dio un paso, Elsa supo dónde estaba y lo que tenía que hacer para derrotar a su enemigo. Dejó que se aproximara lo suficiente para tenerlo a tiro y justo cuando iba a propinarle una patada voladora se oyó:
—¡A cenar!
—¡Jaque Mate! —gritó Elsa entusiasmada, al tiempo que se sacaba la cinta que tapaba sus grandes ojos grises—. ¡He ganado, mamá, he ganado!
Luis, su padre, estaba en el suelo totalmente inmovilizado por la llave de judo que le había hecho su hija aprovechando la distracción de la madre.
Cuento 20/52
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