Ama Como Estilo De Vida

afortunada rosa roja

Afortunada

Lina se movió inquieta en su piedra del río Tiétar. Cuando la lagartija se posó sobre ella, cuando el pez saltó y cuando la araña negra y peluda se asomó.

Cuando Lina se inquieta en su piedra del río Tiétar, el invierno no tarda en llegar y la sombra no tarda en aparecer.

Una hoja muerta cayó en el regazo de Lina. Era la señal, el invierno en persona, la sombra presente y la oscuridad.

La mente de Lina cobró conciencia de que había llegado el momento, para ella, de prepararse y convertirse en dadora para protegerse de los riesgos que estaban por venir. En consecuencia, se movió inquieta en su piedra.

Las ambiciones hibernales de Lina no eran demasiado pretenciosas. No contemplaba fiestas extravagantes, ni paseos por la playa, ni siquiera una visita de cortesía.

Tres meses de recuerdos felices era lo único que su corazón anhelaba. Tres meses de carcajadas y vívidas experiencias en compañía del gotero y a salvo de la oscura presencia del invierno aterrador.

La hospitalaria Ca´Plácida había sido, durante años, su residencia de invierno. Así como sus vecinos más afortunados del pueblo compraban pasajes todos los inviernos para ir a Benidorm o a Isla Canela. Lina llevaba a cabo sus humildes preparativos para su retiro particular en Ca´Plácida.

El momento había llegado y Ca´Plácida adquiría una enorme importancia en la mente de Lina. Debía lograr su propósito un año más, si no quería ser devorada por la oscuridad.

Había muchas maneras sencillas de hacerlo. La más agradable era la de montar un numerito en la plaza del pueblo (en fin de semana) despojándose de todos sus harapos. Un policía la detendría por desorden público y un perspicaz psiquiatra haría el resto.

Lina tenía mucha confianza en sí misma, se había depilado frotándose con una piedra, soltó su melena enredada al viendo y tomó prestado un sombrero de un tendedero para hacerlo más chic.

El problema es que ese fin de semana había una despedida de soltero y la tomaron por una stripper. Vitorearon, aplaudieron y hasta pusieron dinero en su sombrero robado.

Había fallado y ahora tenía que pensar en otro modo de entrar en el limbo.

En la esquina del mercado hay una fábrica de pimentón junto a una fuente de agua cristalina. Una fuente lo suficientemente grande como para lavarte en ella gozosamente.

Empezó metiendo los pies y cuando iba a meter la cabeza, la encargada de la fábrica gritó:

—Mija, ven pa´ acá que te doy ropa limpia, agua templa y jabón para que te avíes en condiciones.

Lina no podía creer lo que estaba ocurriendo. Había vuelto a fallar y su mente empezaba a ensombrecerse. ¿La llevarían al psiquiátrico alguna vez? En su imaginación, Ca´Plácida ya parecía un paraíso inalcanzable. Y menos ahora que vestía ropa limpia y olía a pimienta dulce.

Desconsolada, en dirección a su piedra, se detuvo frente a la iglesia siempre cerrada a observar a la cigüeña.

Los recuerdos bonitos regresaron como un torrente y por un instante la mente de Lina se volvió receptiva a la posibilidad de amigarse con la sombra para salir de la oscuridad.

Un impulso desmesurado e instantáneo quiso luchar contra su lamentable vida. Saldría del agujero en el que estaba y sería una mujer fuerte y respetada. Derrotaría al mal que la manipulaba y se permitiría ser afortunada.

Lina sintió la presión de una mano en el brazo. Se volvió sonriente y se topó con la cara abigotada de un policía.

—¿Qué hace aquí? —preguntó el agente.

—Ser afortunada —respondió Lina.

—Venga conmigo —dijo el policía con voz autoritaria.

—Tres meses en Ca´Plácida —sentenció el psiquiatra.

Cuento 9/52

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