Detalles
No quería pero lo hizo.
Desprenderse del pasado no es moco de pavo. Es más como aprender a despedirse sin ser despeinado.
Un día, cuando todos dormían y nadie atendía, la vieja de la colina se fugó de su guarida.
No sabía dónde iba ni qué se encontraría pero quiso averiguar cómo era la vida fuera de la cárcel en la que llevaba presa 7 años por un crimen que no cometió.
O eso decía.
Se llevó consigo un paraguas negro, un pañuelo de lunares rojos y blancos y a Manuka, un loro de porcelana con el que hablaba a diario para no perder la chola.
El cielo gris, tapado con nubes negras parecía que fuera a romperse sobre ella. La vieja de la colina al acercarse al pueblo disminuyó el paso para llegar a tiempo.
Las casas de las afueras eran feas, pequeñas y viejas. Pero todas disponían de una franja de hierba al frente.
Algunas tenían gallinas y otras ovejas negras. Excepto una que por no tener no tenía ni harapos en la cuerda de tender.
¡Mamá! ¡Mamá! Los chillidos de una niña alertaron al pueblo de su presencia, lo que significaba que disponía de 33 minutos para SER antes de que volvieran a encerrarla.
Con el tiempo en su contra y el pueblo a sus pies, decidió subirse en una roca y conversar públicamente con Manuka, como hacía cada día desde hace 7 años completamente sola.
Querida Manuka, ¿alguna vez te han violado? A mí sí y no es plato de buen gusto, porque no fue una ni dos, fueron varias y diferentes personas.
Pero a quién le importa la declaración de una vieja ante el status de los hombres que penetraron mi ser.
¿Quién va a culpar a un doctor que “solo” hacía su trabajo? ¿Quién va a culpar a un marido que “solo” buscaba placer? ¿Quién va a culpar a un jefe que “solo” quería complacer?
Nadie Manuka, nadie.
Lo que sí harán será juzgar a la víctima y decir que ella se lo buscó, que no fue para tanto y que si hubiera sido más lista, nada de eso le hubiera pasado.
Te diré algo Manuka, jamás he matado a un ser humano, solo he frito al sol las cucarachas de la celda para conseguir algo de proteína. Pero si lo hubiera hecho, los hubiera torturado, no me hubiera bastado con clavarles un puñal.
Eso es para gente con prisas y sin gusto por los detalles.
Por tanto, quien lo hizo, además de llevar prisa fue otro hombre rabioso que quiso lo que ellos hicieron pero no tuvo valor y se desquitó despidiéndose de la competencia para ahora sí, tener vía libre de actuación.
El problema es que los detalles importan y las prisas no son buenas cuando planeas atacar a una vieja resabiada experta en freír cucarachas al sol.
Cuento 8/52
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