Imaginación
En la pequeña sala de un modesto apartamento, Malena contemplaba las nubes desde su vieja mecedora.
A sus noventa y siete años, el espejo le devolvía la imagen de una mujer cuya vida había sido un desafío constante.
Las arrugas en su rostro blanquecino eran mapas de una historia llena de altibajos y decisiones, algunas acertadas, otras no tanto.
No tenía hijos y la pensión apenas alcanzaba para cubrir lo básico. La enfermedad y la imaginación eran sus únicas compañías.
Cada mañana, el dolor en sus articulaciones le recordaba la artrosis que lentamente la había inmovilizado.
Caminar hasta la cocina con la ayuda del bastón era un reto, y los días en que lograba preparar una comida caliente se sentía pletórica.
El tiempo había mermado su cuerpo, pero no su espíritu libre y aventurero. Sin embargo, la realidad era ineludible: sin dinero para pagar una residencia o un cuidador, su futuro era incierto.
En las noches de insomnio le atormentaba la idea de no tener una muerte digna.
Malena no quería poner fin a su historia en un frío hospital rodeada de desconocidos y fantaseaba con una despedida festiva y alegre, pero sabía de primera mano que la vida no siempre concede esos deseos.
Un día, mientras miraba por la ventana, vio a su vecina, la joven Julieta, que siempre se detenía a saludar con una gran sonrisa, llorando desconsoladamente.
Julieta, era una prometedora actriz que trabajaba largas horas en un bar local.
Malena, tomó el bastón y golpeó en la ventana para llamar la atención de la joven.
—Julieta, ¿qué pasó? —preguntó Malena intranquila.
—Me han despedido —respondió con la voz entrecortada por el llanto—. ¿Qué voy hacer ahora?
—Ven y toma algo caliente conmigo que me gustaría hacerte una propuesta.
Julieta preparó dos infusiones de jengibre con cúrcuma y se sentó junto a Malena.
—Estoy vieja como los árboles en otoño —dijo Malena, sonriendo con melancolía—. Sé que el invierno se acerca, pero no sé cómo voy a soportarlo. ¿Aceptarías acompañarme en este último tramo a cambio de no pagar alquiler y poder acudir a todos los casting que te propongan?
Julieta le tomó la mano con suavidad y con una gran sonrisa dijo:
—Haré que cada día sea festivo para que siempre haya algo que celebrar y sientas la alegría de estar acompañada.
Cuento 16/52
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