
Anécdota
Tengo depresión, estoy deprimida o soy depresiva.
No sé cómo se diría.
Lo que sí sé es que me sigo ilusionando como una niña con cosas banales, como la luz incrustada en el espejo de un baño.
También sé que el tiempo que me donas es el mayor de los regalos.
Entiendo que nadie quiere estar con personas tristes, por eso valoro que quieras pasar tiempo conmigo independientemente de cómo esté.
Incluso puede parecer que no me ayudas, pero solo con tu mera compañía ya es mucho más que suficiente aunque no lo parezca.
Puedo no ser la mejor de las compañías, lo sé y soy plenamente consciente de ello, porque me reconcome por dentro, pero también por eso agradezco tu atención cuando a pesar de mi estado tú decides estar.
Y no me refiero solo a estar físicamente. Que va.
No te quepa la menor duda de que quiero mejorar, pero también sé que puede parecer lo contrario, porque cuando la tormenta llega, la destrucción parece la única salida.
Sé que las palabras se las lleva el viento y que al andar se hace el camino, pero ojalá valores una excepción, dado que las palabras, en este caso, son el movimiento y el salvavidas de una mente dañada y falta de confianza.
Desearía hallar el botón que haga desaparecer el sufrimiento.
Desearía volver a ser la niña risueña de la eterna sonrisa.
Pero por algún motivo que desconozco y que no sé si conoceré, la vida, el universo, las circunstancias o yo misma, decidí dejar de serlo.
Ahora el llanto es la emoción predominante.
Ahora la furia está a la orden del día.
Ahora el pánico está a la vuelta de la esquina y la oscuridad me acompaña cada nuevo día.
Aún así, sigue habiendo una niña.
Una niña que se emociona, ilusiona y sorprende.
Una niña que cree en la magia.
Una niña asustada, sí, pero que sueña con estar feliz más tiempo y que quiere aprender a disfrutar de la vida.
Porque tanto la niña como la mujer quieren ser capaces de tomar las riendas de su vida, quieren creer en ellas mismas y les gustaría seguir disfrutando de tu compañía cuando la depresión sea una anécdota del pasado y su mente las sonría.
Hasta entonces,
Gracias por estar aunque yo parezca que no.
Gracias por acompañar aunque yo parezca no querer.
Gracias por ser sostén cuando la catástrofe se apodera de mi ser.
En definitiva,
Gracias por ser como eres conmigo y por respetar como soy yo contigo.

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