reglas

Reglas

—Mamífero insectívoro de unos 20 cm de largo —leyó Ramiro en voz alta.

—¡Lo tengo! —exclamó Desi victoriosa—. Erizo.

—¿De pequeña no jugabas con muñecas? —preguntó Ramiro con burla.

—Las arrancaba la cabeza y jugaba a los bolos con ellas después de cortarlas su larga cabellera… —sonrió.

—Solo te falta desaparecer 11 días como la señora Christie y fingir amnesia —añadió Ramiro.

—Y ganar unos cuantos premios, millones de euros y ser escritora —agregó melancólica.

—¿Por qué ya no escribes? Las historias con finales felices siempre gustan.

—Eso es agua pasada, ahora soy detective…

—Y antes abogada de divorcios millonarios —interrumpió él—. Puedes compaginar tu nueva profesión con tu pasión.

—¡Qué va! —dijo con desinterés—. Agatha solo hay una.

En ese momento sonó el móvil de Desi, interrumpiendo la conversación.

—Y Desi Gual también —musitó con admiración.

—Me voy —se despidió de soslayo—. Gracias por el café.

Él sabía cuál era el mayor deseo de Desi. Lo anhelaba desde niña aunque ella no se creyese capaz. Sabía que si pudiese encontrar el teléfono de aquel anciano editor, lo mismo tendría su oportunidad de ser la escritora que siempre había querido ser, pero no se atrevía a admitir.

—Hola, señora Parra —extendió su mano—. Mucho gusto. Soy una gran admiradora suya y es un honor para mí serle de ayuda —estaba hablando más de lo normal y dando más explicaciones de las habituales, estaba nerviosa y se le notaba, Pero es que Pilar Parra era una reputada escritora de misterio.

—Sí, sí, igualmente —dijo la señora sin mucho interés en los halagos—. Mi marido ha cometido un crimen señorita Gual —soltó sin vaselina—, y usted lo enmendará.

—¿Un crimen? —palideció.

—Sí, ha comprado la casa de mi difunta madre pensando que a mí me haría feliz y mis peores años se fraguaron allí —sacó un pañuelo para limpiar sus enormes gafas de sol.

Desi respiró aliviada.

—¿Y por qué no le dice que esa casa no le gusta? —preguntó extrañada por la simpleza del “misterio”.

—¡Le rompería el corazón! —exclamó llevándose las manos al pecho—. Usted es una gran admiradora, ¿cierto? La recuerdo de la última firma de libros, no se pierde una —tocó su barbilla como quien hace arrumacos a un bebé—. ¿Usted haría cualquier cosa por mí?

—Bueno, yo…

—Sé que sí —interrumpió—. Mi querida, Desi —agarró su brazo—, solo tienes que ofrecer más de lo que él ha pagado y la casa donde creció tu admirada escritora será tuya. Además, está muy bien ubicada y así podrás dejar ese minúsculo despacho vivienda que no te pega nada.

—Pero…

Pilar Parra siguió taladrando la oreja de la señorita Gual para que esta pronunciara lo que ella quería oír. Pero Desi hacía rato que había desconectado pensando en si todos los escritores, llagados a un determinado status, se creían Dios. Hasta que escuchó un millón de euros y volvió en sí.

—Basta —pronunció tajante—. Que admire lo que escribe no significa que idolatre a la persona que lo hace y menos que me haya vuelto estúpida —se soltó del brazo de la señora Parra—. Si usted no quiere que su marido compre esa casa, dígaselo y si ya lo ha hecho, véndala, pero no me haga perder el tiempo con memeces.

—Ahí está querido, ¿lo has grabado? —dijo Pilar Parra mirando atrás, al señor que las seguía hace rato.

—¿Es una cámara oculta? —preguntó Desi desconcertada.

—Tranquila, querida —volvió a tomar su brazo—. Lo has hecho muy bien y acabas de ser elegida protagonista para mi próxima novela.

Desi no daba crédito de lo que acababa de suceder, pero lo que menos podía creer es que fuera a convertirse en la protagonista del próximo libro súper ventas de Pilar Parra. Porque era obvio que sería un bestseller.

Tres años después del éxito internacional de la detective Revés, le preguntaron a Pilar cómo surgió la idea y esta respondió que su matrimonio se estaba enfriando cuando recordó que su marido y ella, de jóvenes, hablaban con desconocidos para crear personajes y los grababan para no olvidarlos. Se le ocurrió que para reavivar la llama podrían acudir a una especialista pero con sus reglas, sin que esta lo supiera por supuesto, y así fue como nació la señorita Revés.

—¿Has oído eso Pepe? —dijo Desi, dándole una pipa al loro—. Incluso sin saberlo, remiendo matrimonios.

Cuento 42/52

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