
Desconocidos
—Con tanta algarabía es difícil concentrarse, ¿no crees? —Murmuró Desi a Pepe.
—Solo tienes que elegir la cena —respondió el loro.
—¿Cómo dice? —preguntó la dependienta del supermercado.
—Oh —levantó la cabeza como si volviera de otro planeta—. Nada nada, hablaba con mi loro.
—¿Es Desi Gual?
Asintió confusa.
—¿Nos conocemos?
—¡No! —exclamó con una gran sonrisa—. Pero es un pueblo pequeño —se acercó susurrando— y todo el mundo habla de la nueva inquilina del piso rosa.
—La cena —replicó Pepe.
—Un momento —Desi calló al loro y, fijándose en la placa de la dependienta, respondió con una sonrisa—: ¿Quiere contarme algo, señorita Lili?
—Señora Mora —la joven corrigió con cierto orgullo—, estoy —titubeo— felizmente casada con el panadero.
—Me alegro por usted, señora Mora —sacó una tarjeta del bolsillo—. Por si precisa de mis servicios o conoce a alguien que los necesite.
La muchacha miró a ambos lados y cogió la tarjeta.
—Bueno —arrancó a decir bajito— lo cierto es que igual podría ayudarme.
—Apuesto a que sí —añadió Desi con una media sonrisa—. Mañana a las 16 PM la espero en el piso rosa —guiño un ojo, tomó una bolsa de pipas de calabaza y se marchó a la caja.
Al día siguiente, el reloj no marcaba ni las 9 de la mañana, cuando aporrearon la puerta del despacho vivienda de Desi como si se acabara el mundo.
—Ya va, ya va —protestó desde la cama, lanzando una mirada al reloj—. ¿Qué hora es? —resopló al ver la hora y maldijo a la persona de detrás de la puerta—. ¿Lili?
—¡Hola, señorita Gual! —La abrazó como si fueran íntimas amigas—. Sé que habíamos quedado a las cuatro pero ha ocurrido algo y no puedo esperar hasta tan tarde.
—¿Tarde?
—Sí —Lili no echó cuentas a que había sacado de la cama a la detective y que esta estaba en bragas—. Necesito que me ayude —frenó su verborrea—. Oh —hizo un gesto con la mano—, igual quiere vestirse antes, ¿no?
Desi miró hacia abajo e hizo el gesto de la paz con ambas manos. Pepe silbó y ambas rieron. Cuando salió del cuarto vestida y perfumada, Lili ya no estaba.
—¿Te ha dicho algo? —preguntó molesta a Pepe.
—No —respondió escueto.
—Volverá a las cuatro —afirmó Desi convencida.
—No —volvió a responder el loro.
—¿Por qué no?
—Pastel de calabaza.
—¿Qué? No. Ahora no voy a ir a comprar —arqueó una ceja—, ¿pastel de calabaza? Me dijo que está felizmente casada con el panadero. ¡Voy a comprar pan! —exclamó como quien resuelve un enigma.
De camino a la panadería notó como las miradas de los viandantes se posaban en ella con cierta incredulidad y sospecha. Cuchicheaban a su paso y se propinaban codazos y gestos de cabeza unos a otros.
“Muy disimulados no son”, pensó. “Y resulta curioso, como ahora que me dedico a algo bueno, bonito y barato, la gente desconfía más de mí que cuando desvalijaba y aniquilaba matrimonios…”.
—Buenos días —saludo alto y claro, al entrar en la panadería cafetería Mora—. Quiero un pastel de calabaza —tragó saliva—. Por qué he dicho eso si venía a por pan.
El panadero, un hombre robusto y melancólico, la miró extrañado.
—Buenos días. Hace dos años, nueve meses y tres días que no vendemos ese pastel.
—¿Por qué? —habló sin pensar.
La campanilla de la puerta sonó y todos voltearon a mirar. Lili y un enorme pastel de calabaza entraron por la puerta grande.
—Hace casi tres años —anunció Lili con tono elevado—, me hicieron creer que el pastel de calabaza provoca infertilidad y que por eso no podía ser madre —un murmuro recorrió la sala—. Pero esta mañana, al ver a la señorita Desi Gual en paños menores —el murmuro fue más sonoro y unísono— me he dado cuenta de que dejé de hacer el pastel para que el resto de mujeres se alejasen de mi marido y dejasen de coquetear con él, pero al hacerlo, también fui yo quien se alejó —la panadería al completo escuchaba con atención—. Así que, desde hoy —tocó su barriga—, hasta que me sucedan ¡habrá pastel de calabaza para todos!
Aplausos, vítores, abrazos entre desconocidos, y en medio de tanto amor, Desi, la mujer que sin querer queriendo había devuelto la alegría a un pueblo de piedras grises y campos secos.
Cuento 40/52
Me he propuesto escribir un cuento corto a la semana para mejorar la escritura y el humor.
Si quieres formar parte de esta aventura súmate a la newsletter. Es gratis.
Más Cuentos
El camino del escritor
El camino del escritor: Cómo superar creencias limitantes y vivir de escribir ¿El escritor nace o se hace? Es la...
Leer más¿El primer amor es para siempre?
¿El primer amor es para siempre? El arte de reinventarse cuando te rompen el corazón ¿El primer amor se recuerda...
Leer másEl peso de las palabras
El peso de las palabras: Cómo hacer una investigación de keywords (sin morir de aburrimiento) Las palabras tienen peso. Mucho. ...
Leer másClaridad foco meta
Claridad, Foco y Meta: Cómo optimizar tu contenido SEO (a la manera de una escritora) Objetivo, constancia, claridad, foco, meta,...
Leer más¿El tiempo es finito o infinito?
¿El tiempo es infinito o finito? El secreto del café de especialidad para mentes creativas Lo confieso. Cuando entro en...
Leer más¿Cómo tomar la mejor decisión?
¿Cómo tomar la mejor decisión? Entre la lógica de Google y la magia de la intuición ¿Cómo tomar la mejor...
Leer más
Kit Escritor Emprendedor
Una guía completa que reúne herramientas prácticas y recursos que te ayudarán a definir tu estilo como escritor, crear contenido visual atractivo con más de 200 plantillas editables en Canva y, sobre todo, hacer tu proceso más fluido y organizado.

El Pan De Mía
Un poemario extraterrestre que escribí en pandemia después de releer fragmentos del libro Upanishad donde encontrarás frases para enmarcar y poemas que te harán reflexionar.

Canva: Curso Intensivo Principiantes
Una guía completa para aprender a usar Canva desde cero que incluye derechos de reventa, más de 100 plantillas editables, pegatinas digitales, una plantilla de identidad de marca y mucho más.








